viernes, 18 de enero de 2013

EL MERCURIO QUE TOLERAMOS A TRAVÉS DE LOS ALIMENTOS




La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha establecido ingestas semanales tolerables de mercurio en alimentos.

Estas pretenden proteger al consumidor de los efectos para la salud del metilmercurio y el mercurio inorgánico, las principales formas de mercurio en alimentos, que se encuentran sobre todo en pescado y otros productos del mar.


Para el mercurio inorgánico, se ha establecido una exposición de 4 microgramos/kg de peso corporal, mientras que para el metilmercurio los niveles propuestos están en 1,3 microgramos/kg de peso corporal.
El metilmercurio es la forma predominante del mercurio en el pescado. 
Es tóxico para el sistema nervioso, mientras que el mercurio inorgánico es menos tóxico.
Los pescados y mariscos tienen una tendencia natural a concentrar el mercurio en sus cuerpos, a menudo, en forma de metilmercurio. 
Atún y pez espada han sido los pescados con mayor concentración de metilmercurio evaluados en la Unión Europea.

Cómo entra el mercurio en la cadena alimentaria


Una vez que está en el ambiente, el mercurio es muy difícil de eliminarse. 
El mercurio se libera cuando se quema carbón, cae al suelo y se distribuye en ríos, lagos y océanos, que consumen bacterias presentes en suelos y sedimentos. Estas lo convierten en metilmercurio, una forma orgánica que absorbe el plancton. 
Los peces que comen estos organismos acumulan metilmercurio en sus cuerpos y de las especies pequeñas pasan a las más grandes, un proceso que se denomina bioacumulación.
Las mayores concentraciones de metilmercurio se encuentran en los grandes peces que se alimentan de otros peces.